Dentro de todos y cada uno de nosotros hay un verdadero y auténtico swing. Algo con lo que nacemos, algo que es nuestro y sólo nuestro. Algo que no se puede enseñar ni aprender. Debemos mantenerlo vivo. Con el paso del tiempo el mundo que nos rodea puede robarnos ese swing y queda enterrado en nuestro interior bajo todos nuestros “habría, podría, debería”. Hay quien llega a olvidar cual era su swing…” (La Leyenda de Bagger Vance)
Nuevo fin de semana de deporte y formación. Después de una mañana en el campo de golf, junto con Sergio, mi querido profesor al que mando un saludo y que con tanta paciencia está consiguiendo, poco a poco, que tenga mi swing. Continuo este sábado viendo, por segunda vez, una gran película que me ha encantado, La Leyenda de Bagger Vance.
A su extraordinaria fotografía y banda sonora, abierta a las emociones, se une una historia de un héroe, un mentor y una historia de amor con un mensaje que envuelve a la película y que da sentido a su inclusión en este blog: “A veces para aprender basta sólo con recordar”.
Este film no es sólo un homenaje al deporte del golf sino que va más allá y es una referencia contínua a la formación y en general a la vida misma. En este sentido Matt Damon, que encarna el personaje del golfista Junuh hace una primera reflexión. Bajo los efectos de la embriaguez, junto a su futuro aprendiz, el pequeño Hardy, conversa sobre la adversidad haciendo una metáfora de como se mueren las diferentes células que tiene nuestro cerebro. Las células de la tristeza, que se difrazan con una sonrisa, las del silencio, que se contraponen con un grito, las de la estupidez que emergen con la intelegencia y las más difíciles de eliminar, las células del recuerdo.
Como nos dice su director Robert Redford, “las historias, como esta película, son una vehículo de información y formación”. Esta es un película positiva y esperanzadora en un mundo cada vez más cínico. El golf, en particular, es el único deporte que te enfrentas a tí mismo, acompañado de tu equilibrio y la naturaleza.
En la película se vislumbran, más allá de los tradicionalides rasgos y aptitudes, encontramos claros ejemplos de las verdaderas competencias de ciudadanía como el altruísmo, reflejado en Bagger Vance con su simbólico caché de cinco dólares por ser el caddie de Junuh. El sentimiento de comunidad y camaradería entre Junuh, Hagen y Bobby Jones. La ilusión, entusiasmo y lealtad, reflejadas es los comportamientos de Hardy con Junuh. La honestidad y la ética cuando Junuh reconoce que ha movido su bola al abordar el último tee y es penalizado con un golpe.
Se nos transmite de forma recurrente el orgullo de pertenencia. Este bien, “oro” para las organizaciones del siglo XXI, lo observamos en esta película representado de manera fiel en el imaginario de un pueblo como Savanah en su relación con su héroe, Junuh.
Desde mi punto de vista, y sin ningún género de dudas, la gran estrella de la película son las conversaciones verbales y no verbales entre el Bagger Vance y Junuh, la formación informal. Esto es lo que le hace realmente ”mágica” a esta película. Comienza aquí la faceta mística, la búsqueda de la autenticidad, tan complicada en la era en que vivimos y que nos ha sesgado la pasión por Observar, Reflexionar, Sentir y Ver y cómo, todo esto, configura nuestra opinión y orientación vital.
Este capital conversacional entre los dos grandes protagonistas se envuelve en constante proceso de coaching en el cual Bagger Vance, el coach, observa, toma conciencia, determina unos objetivos, actúa, mide y motiva a Junuh. Con un final optimista, Junuh vence a la adversidad, recobra la confianza en si mismo y no sólo recupera un hoyo cada cuatro para acabar igualando en el torneo, sino que consigue también volver con su amada Adele.
Finaliza la película con una excelente frase de Jack Lemmon representando ya al viejo Hardy:
“Juego por los momentos que han de llegar en algún lugar del campo”







